El sábado quedamos con los chicos para ir a Hyde Park a pasar el día juntos y el domingo estuvimos de tranquileo en casa de Liam, vamos, que fue un fin de semana de los que me gustaban.
El maldito lunes llegó demasiado pronto y casi sin darnos cuenta, lo único bueno es que, al haber excursión, no tenía que ponerme el uniforme sino que iba en chándal.
- Vamos, Delilah - dijo mi madre - hoy te vas de excursión y no quiero que llegues tarde.
- Joder mamá - me quejé - buenos días para ti también.
Ese día me costó mucho levantarme, no sabía por qué, quizás era porque no tenía ganas de soportar a Louis todo el día. William me hizo el desayuno y la comida para la excursión mientras que yo me vestía así que luego me sobró un poco de tiempo para sentarme en el sofá con Dianna.
- Deli, cariño - gritó William desde la cocina, me gustaba que me llamara "Deli" o que me dijera "cariño", lo quería mucho, más que a mi padre de verdad y casi más que a mi propia madre - Ya te he preparado todo, ve a la cocina a recogerlo y mételo en la maleta, por favor.
- Muchas gracias, Will - grité desde el salón, me levanté del sofá, hice lo que me pidió el novio de mi madre y le di un beso en la mejilla. Al rato llamaron al timbre - ¡Debe ser Liam! ¡Me voy!
- ¡Adiós Deli! - gritaron mi hermana y William. Cerré la puerta y salí a la calle.
- Hola Del - Liam me abrazo y me dio un beso en la frente.
- Buenos días - le di un beso en la mejilla.
- Estás muy guapa.
- Eso me lo dices siempre - reímos.
- Será porque siemrpe lo estás.
- Tu también - suspiré
- ¿Qué te pasa?
- Que no tengo ganas de pasar todo el día en el campo y menos si es con Louis.
- Tranquila, ya verás como todo va bien.
- Eso espero, Li.
Al llegar al instituto, Zayn tiró su cigarrillo y me dio un beso en la frente, Niall lo imitó y, bueno, Harry y yo nos dimos el mismo beso de todas las mañanas. Sonó el timbre de entrar a clase y los chicos tuvieron que irse, yo me quedé fuera con Danielle esperando a que los profesores y el resto de los alumnos llegaran para poder irnos al campo y terminar todo de una vez. Una vez que estuvimos todos, Mrs. Andersen repasó las normas.
- Y recordad que no se puede usar el móvil.
- Pero sí podemos llevarlo ¿no? - preguntó Stan, uno de los amigos de Louis.
- No - negó rotundamente - es más, queda prohibido llevárselos.
- ¿Por qué?
- Porque vamos a estar en la naturaleza y no os va a hacer falta.
- Pero...
- Que no y punto - lo interrumpió - Bien, ahora que todo está claro, pasaré lista y nos iremos.
Danielle y yo nos pusimos a hablar de nuestras cosas cuando vi que Louis hacía malabares con varios móviles, no dudé en acercarme a él a repetirle lo que había dicho Mrs. Andersen.
- ¿No te has enterado o eres tonto? - pregunté.
- ¿De qué? - paró de hacer malabares y le dio cada uno a su dueño.
- De que está prohibido llevar móvil.
- No son mis móviles - rió - puedes cachearme si quieres - levantó los brazos.
- Más quisieras - me di la vuelta y volví con Danielle, mientras hablábamos vi como la profesora se les acercaba y los cacheaba uno a uno, no se fiaba nada de ellos.
- ¡Vamos chicos, todos al autobús! - gritó Mr. Harper, el profesor de gimnasia.
Danielle y yo nos pusimos en la parte trasera del autobús pero no al final porque Louis, Stan, Andy, Greg y Matt siemrpe se sentaban en los últimos cinco asientos. El viaje duró 1h, tiempo en el que Danielle y yo nos limitamos a escuchar música y a hacernos miles de fotos con caras divertidas. Nada más bajar del autobús sentí una brisa agradable típica de finales de septiembre, el bosque estaba de color verde, verde intenso y se respiraba aire puro. Empezamos por un sendero en el claro del bosque, al principio el camino era fácil pero, a medida que avanzamos, fue cambiando y haciéndose más tortuoso, había varias rocas, charcos y varios obstáculos. A la hora a la que debería empezar el recreo, hicimos una parada para desayunar, Danielle y yo nos sentamos en unas rocas que quedaban un poco apartadas, se nos unió Eleanor, una chica muy mona y simpática que caía bien a todo el mundo y compartimos nuestros desayunos. Echaba de menos a Harry, normalmente, a esta hora estábamos juntos besándonos y tal y ahora estaba ahí sola. Bueno, con Danielle y Eleanor pero, al fin y al cabo, sola, sin mis amigos. Al acabar la media hora de descanso, seguimos con la marcha.
- ¡Delilah! - gritó Stan a lo lejos, iba muy adelantado del grupo.
- ¿Qué? - grité.
- ¡Ven! - me hacía señas para que me acercara así que fui andando tranquilamente hasta que llegué donde estaba.
- ¿Qué quieres? - en ese momento alguien salió de los arbustos del lado del sendero y me agarró por detrás, grité y me giré para ver quién era - ¡Louis, más vale que corras o no saldrás de aquí con vida!
Empezó a correr por el sendero, me moría por pegarle y desahogarme así que lo seguí, seguimos corriendo hasta que me paré.
- ¿Qué pasa? - rió - ¿Ya te has cansado?
- Louis ¿dónde estamos? - nos habíamos alejado del sendero y nos habíamos adentrado en el bosque sin darnos cuenta, los árboles eran tan altos que no dejaban pasar bien la luz del sol y hacía un poco de frío.
- No sé - dimos varias vueltas pero no encontramos el sendero, estábamos demasiado adentrados en el bosque, a lo tonto había pasado más de una hora en la que lo único que hicimos fue meternos más en el bosque.
- ¿Y ahora qué? - pregunté.
- No sé - se sentó en el suelo y abrió su mochila.
- ¿Qué haces?
- Tengo hambre, voy a comer.
- Esto es increíble, nos perdemos y lo único que se te ocurre es sentarte a comer.
- Pienso mejor con el estómago lleno.
- Ya, claro ¿pretendes que me crea que piensas?
- Mira, no es momento para pelearse así que siéntate y disfruta de la naturaleza. - suspiré y le hice caso, me senté un poco alejada de él y saqué la comida que me había preparado William, estaba deliciosa e incluso me quedé con un poco de hambre. Después de comer seguimos andando para encontrar el sendero, había demasiadas rocas en el suelo y me caí.
- ¿Te has echo daño? - preguntó Louis entre risas.
- Sí - dije con la voz entrecortada.
- ¿Puedes andar? - me ayudó a levantarme pero me dolía al apoyar el pie en el suelo, me había doblado el tobillo.
- No - dije quejándome del dolor.
- Vale, hacemos una cosa - se sentó a mi lado y me dio la espalda - sube.
- ¿Eres tonto? No podrás conmigo.
- O subes o te dejo aquí para que te coman los osos.
- Vale, vale - se acercó más a mí, rodeé su cuello con mis brazos y me agarré a su cintura con mis piernas, se levantó con dificultad y comenzó a andar hacia el sitio donde habíamos comido, cuando llegamos me dejó suavemente sobre una roca.
- A ver ese tobillo.
- Louis no tienes ni idea de...
- A ver ese tobillo - me interrumpió, me quité el botín y lo miró - tiene mala pinta, cuando llegues a tu casa ponte hielo.
- Gracias por todo - sonreí y miré mi reloj - ¡son las 17h! Se supone que volvíamos a las 18h.
- Está bien, no pasa nada - cogió su mochila, sacó el móvil y empezó a hablar.
-¿Stan?
- ... - no puso el altavoz así que no escuché lo que decía Stan.
- Estamos perdidos en el bosque.
- ...
- Sí - rió - con ella.
- ...
- Bueno, dile a Mrs. Amargada y Mr. Homosexual que nos esperen.
- ...
- Sí, adiós - colgó y guardó el móvil.
- ¡Eres un capullo! - grité.
- ¿Pero qué te pasa ahora?
- ¿Que qué me pasa? Louis, me has tenido dando vueltas varias horas y tú tenías el móvil en la mochila, por tu culpa me he doblado el tobillo.
- No, por mi culpa no, que tú seas torpe no es mi problema.
- ¿Por qué no habías dicho antes lo del móvil?
- Porque no quería estar con los profesores y además me divertía mucho lo mal que lo estabas pasando.
- Eres gilipollas - hice un intento de levantarme pero no pude.
- No hagas esfuerzos o te pondrás peor.
- ¿Qué te ha dicho Stan?
- Que nos esperarán.
- ¿Y cómo encontraremos el sitio?
- Muy fácil - se puso la mochila y yo cogí la mía, me cogió en brazos a lo princesa y empezó a andar. Louis estaba muy fuerte, tenía unos brazos muy fuertes y unos abdominales... era muy mono pero su personalidad le quitaba todos los puntos que tenía a su favor.
- ¿A dónde vamos? Nos vamos a perder más.
- Tranquila - a los pocos minutos ya estábamos en el sendero.
- ¿Me has estado dando vueltas en círculos todo este tiempo pudiendo volver al sendero solo porque querías divertirte?
- Sí - rió.
- Eres un imbécil, te odio - le di muchos golpes en el pecho.
- O paras o te suelto.
- Si no me hubiera doblado el tobillo te aseguro que te enterabas.
- Sí, claro.
Después de media hora de amenazas, insultos y comentarios despectivos llegamos al claro donde estaban los autobuses. Mr. Harper me cogió y me sentó en mi sitio del autobús y le conté todo a Danielle durante el viaje de vuelta. Al llegar, Louis me llevó en su coche a mi casa, era lo mínimo que podía hacer ese imbécil por mí. Me ayudó a salir del coche y a entrar en mi casa y luego se despidió.
- Adiós, Delilah - sonrió - nos vemos mañana.
- Por desgracia - le cerré la puerta en las narices.
Al entrar en casa y ver lo que me había pasado en el tobillo, mi madre me echó la bronca mientras William me vendaba el tobillo y me traía unas muletas suyas antiguas. Estaba sentada en el salón descansando cuando sonó mi móvil.
---------------- LLAMADA TELEFÓNICA --------------------
- ¿Sí?
- Hola princesa.
- Hola Hazza - sonreí.
- Estamos todos en la casa de Liam ¿vienes?
- Claro, tardo 15 minutos.
- ¿Por qué tanto?
- Lo verás en 15 minutos - reímos - te quiero.
- Y yo, bonita.
----------------- FIN DE LA LLAMADA ------------------------
Cogí las muletas y me levanté con dificultad, Dianna me acompañó hasta la casa de Liam y se fue una vez abrió la puerta.
- ¿Qué te ha pasado? - bajó y me ayudó a subir las escaleras.
- Ahora os lo cuento - al entrar estaban todos sentados en el salón bebiendo un poco de té y cuando digo todos también incluyo a Louis, ya había tenido suficiente Louis por hoy.
- Cariño, ¿qué te ha pasado? - Harry se levantó y se unió a Liam para ayudarme a sentarme y a ponerme cómoda en el sofá.
- Que es una torpe - dijo Louis.
- Todo ha sido por su culpa.
- No es mi culpa que fueras andando por ahí sin mirar al suelo.
- Pero si fue tu culpa que me tuvieras andando por ahí sin necesidad.
- Ya esta chicos - dijo Zayn.
- ¿Qué tal ha ido la excursión? - preguntó Niall.
- Bien - dijimos Louis y yo a la vez.
¿Os habéis peleado mucho? - preguntó Liam.
- No - contestamos al unísono.
- Me alegro.
- Estos son mis chicos - dijo Harry poniendo un brazo sobre mis hombros y otro sobre el de Louis.
Seguimos hablando un gran rato, Kate nos preparó varias pizzas para cenar y seguimos hablando más tiempo. Finalmente, Harry me acompañó hasta mi casa.
- A partir de ahora seré tu enfermero - sonrió y se le marcaron los hoyuelos.
- No hace falta.
- No seas tonta - rió - es obvio que necesitas un enfermero así que estaré contigo todos los días ayudándote.
- Esto será durante una semana.
- Pues te ayudaré durante todos los días de una semana.
- Gracias - sonreí, subimos las escaleras y llamó al timbre, William abrió.
- Hola Harry - le abrazó.
- Hola, aquí os dejo a la chica del tobillo doblado.
- Gracias por traerla.
- No es nada, para eso están los novios - sonrió - durante esta semana vendré todos los días para cuidarla.
- Eres muy amable, bueno, me voy un momento para que os despidáis - se volvió al salón.
- Bueno - dije - hasta mañana.
- Hasta mañana cielo, descansa mucho ¿vale? - me dio un beso en la frente.
- ¿Un beso en la frente? ¿En serio? - rió y nos besamos pausadamente.
- Te quiero, Del - susurró a pocos milímetros de mis labios.
- Y yo a ti cariño - nos volvimos a besar y llamó a Will para que viniera, cuando llegó se fue y me metí en la casa. William me subió a mi habitación y Dianna me ayudó a vestirme y a meterme en la cama. El sueño me invadió rápidamente, había sido un día agotador, un día de mierda pero tenía que admitir que me lo había pasado muy bien. Sí, Louis había sido un capullo pero, en el fondo, debía admitir que había tenido un poco de gracia. ¿Y si Louis empezaba a caerme bien? No, imposible.
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